La importancia de tu cadencia

cadencia

 

La cadencia con la que llevabas el ritmo era admirable. Podía seguirte a duras penas; lengua fuera y tirando de riñones, encaramado al cuadro como si existiese un abismo entre mis pedales y la carretera. Sin gestos apreciables te hacías gigante sobre ella y la cadencia aumentaba como lo hacía la distancia entre los dos pedalada a pedalada. En días de niebla tu figura se difuminaba rápido delante y claro, quedábamos solos yo y mi cadencia, siempre inferior a la tuya, siempre detrás, siempre distante. Al jugar con tu cadencia jugabas conmigo: acelerando o disminuyendo según tu antojo o tus ganas de compañía en la travesía. 

Eran los sábados días de desafíos. Siempre esperando esos siete días para poder volver a retarte, con la esperanza de poder contigo, de que al menos no te difuminases, llegar a la meta juntos y con suerte ganarte al sprint. La cadencia de mis sueños consiguiendo tal hazaña era inversamente proporcional a la distancia entre cada sábado. La realidad siempre era la misma: mi cadencia no daba la talla.

Lo recuerdo vivamente. Era domingo. Después del generoso desayuno en la churrería de siempre montamos hacia la cima. Nunca llegaste, nunca más llegarías. Aquel Domingo desapareciste rápido, apenas la carretera tomo su inclinación abrupta. Traté de conseguir una cadencia que me permitiera al menos controlar la sangría de espacio entre nosotros. Al cabo de cinco kilómetros, donde la carretera disminuye su inclinación dándole al cuerpo el descanso necesario para poder acometer la subida final con dignidad te vi. Mi visión no fue la deseada: no te vi montado sino tumbado bajo el quitamiedos y tu bicicleta esparcida en trozos a tu alrededor. No vi nada más o quizá no recuerde nada más o quizá no quiera recordar nada más. No necesito nada más de mis recuerdos de ese día. Ni siquiera recuerdo cruzarme con ningún vehículo lo suficientemente rápido como para notar algo extraño.

Ahora salgo los sábados sin ti. Aunque ya no estés, mi cabeza recuerda ese crujido que producía tu bicicleta al alzar el pedal izquierdo. Tengo el tempo, tengo tu cadencia en mi mente y todos los sábados intento en vano seguirla. Tu cadencia siempre está conmigo, intento batirla, al menos te veo en tu cadencia, veo lo cerca o lejos que me encuentro de ti al comparar ambas cadencias, veo como se difumina tu figura en días de niebla.

Hoy es sábado. Mis progresos han sido interesantes desde que te fuiste. En éstas últimas semanas llegamos juntos al leve descanso que nos brinda la carretera, pero en cuanto la inclinación vuelve a ser protagonista mi cadencia dista mucho de la tuya y veo cómo te alejas. No si es el recuerdo de tu cadencia o es mi memoria la que la distorsiona y la eleva o es mi cadencia la que disminuye en realidad y de ahí tu alejamiento. Llegamos juntos al descanso y hoy me propongo imprimir más potencia a mis pedaladas y lo consigo, tu cadencia en mi mente se iguala a la mía. Voy a tu rueda, no te alejas, siento tu cansancio, tu respiración, veo cómo te retuerces en la bici por seguir esa cadencia. Me alegra verte así, sorprendido esta vez por mi presencia a retaguardia. La inclinación se torna máxima en este momento pero sigo a rueda, veo cómo te exiges, escucho tu cadencia dentro de mí y la imito en mis movimientos.

Noto un leve cambio de ritmo al que sigo más por instinto que por fuerza y no te alejas, sigo calcando tu nueva cadencia. Transfiero lo que escucho en mi mente a mis piernas para poder esta vez al menos, llegar junto a ti a la meta y lo logro. Es la primera vez que llego a tu rueda a la cima y no evito las lágrimas, quiero que salgan y no se escondan porque hoy he logrado mi hazaña personal. Ahora puedo apreciar tu rostro al llegar a la cima y veo como me miras con una cara que va del orgullo a la tristeza.

Ha pasado una semana. Es sábado y me propongo repetir la machada de la semana anterior o incluso poder ver cómo llegas a la cima a mi rueda esta vez, pero todo es distinto. No puedo recordar el tempo de tu cadencia, mi mente no recupera ese ritmo. Sin embargo al alzar mi pie izquierdo ya anclado al pedal, noto un crujir.

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