La importancia de tu cadencia

 

La cadencia con la que llevabas el ritmo era admirable. Podía seguirte a duras penas; lengua fuera y tirando de riñones, encaramado al cuadro como si existiese un abismo entre mis pedales y la carretera. Sin gestos apreciables te hacías gigante sobre ella y la cadencia aumentaba como lo hacía la distancia entre los dos pedalada a pedalada. En días de niebla tu figura se difuminaba rápido delante y claro, quedábamos solos yo y mi cadencia, siempre inferior a la tuya, siempre detrás, siempre distante. Al jugar con tu cadencia jugabas conmigo: acelerando o disminuyendo según tu antojo o tus ganas de compañía en la travesía.  Continuar leyendo «La importancia de tu cadencia»